Reportaje al capitán de la Peña, Miguel en el Diario de Navarra

19.02.2011 23:50

Seguro que muchos de vosotros ya lo habréis visto en el periódico. Ayer en el Diario de Navarra aparecía un artículo sobre la "otra" vida del capitán de la Peña Azagresa, Miguel Fernández de Manzanos. Os dejamos a continuación el artículo:

 

Agricultor antes de pisar el área rival

El estado de sus cultivos es vox pópuli en el vestuario de la Peña Azagresa. Miguel Fernández de Manzanos, el capitán, trabaja como agricultor y después de una jornada de sol a sol busca el alivio, aunque su espinilla no suele salvarse, en los entrenamientos de su equipo.
 
 
 
 
 
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M. M. E. . ESTELLA Viernes, 18 de febrero de 2011 - 04:00 h.

A sus compañeros de vestuario, con los cardos y las coliflores los vuelve locos. Que si es hora de plantar, que si se retrasa la recogida, que si el tiempo. Todo, mientras da vueltas al campo en el entrenamiento de la Peña Azagresa. Él, Miguel Fernández de Manzanos Luri, es el capitán del primer equipo y, después de trabajar de sol a sol en sus fincas, las peripecias de ese día o sus previsiones para la jornada siguiente se las "chupan" ellos entre sprint y sprint.

"El resto también habla de lo suyo, claro", se justifica.

Desde los 18 años trabaja de agricultor en la empresa familiar. Cultiva coliflor, cardo y acelga, además de llevar parcelas de viñedos. Junto a su tío Lázaro Fernández de Manzano Sola y tres trabajadores contratados se ocupa de unas funciones con las que ahora disfruta pero que tantos "dolores de cabeza" le producían de adolescente. Cuando rondaba los 12 o 13 años, su padre le buscaba en verano para que le echara una mano y él, aunque nunca le fallaba, siempre acudía con mala cara porque sus amigos, claro, pasaban esas horas en la piscina. Aquella expresión facial que tenía que aguantar su progenitor se parece mucho a la que, a menudo, le ven sus rivales en el terreno de juego. Reconoce que es un poco broncas y todavía hoy se extraña de cómo empeora su carácter cuando se calza las botas de tacos. Y eso que el brazalete de capitán le frena un poco. "Tengo mala sangre y por el equipo voy a muerte. Lo he ido desde los 18 años y ahora, con 28, también. Pero, sé que tengo que dar ejemplo y si no he sido yo quien inicie la trifulca -ríe- siempre acudo a apaciguar los humos. Sí es cierto que también me puede un poco la responsabilidad de ser el capitán", explica.

Las "patadas" y el trabajo

Con el diez a la espalda, juega de delantero o medio punta, pero -se justifica- él "es más de dar el pase". Solo ha marcado un gol en esta temporada. "Juego todos los días, pero la portería se me hace pequeña. Nunca he sido de meter goles. Si uno es malo... aunque sea estorbo", se resigna. Pero siente que la chispa la está perdiendo. Cada vez le cuesta más. Lleva dos años pensando que va a ser el último y, al final, nunca se cumple, pero si lo tendría que firmar tras un partido seguro que lo haría. "Acabo reventado. Me llevo muchas patadas, pero no me pongo ni hielo, ni me doy masaje, ni nada de nada. Hasta con esguince he ido a trabajar. Es lo malo de ser tu propio jefe", dice.

Aunque, también está la parte positiva. "Hago lo que quiero. Estoy en la gloria. No dependo de nadie. Quizá algún lunes hasta apago el despertador pero, los menos, porque la responsabilidad me puede", asegura. Así que coge uno de sus tres tractores, sintoniza Radio Marca y pasa toda la mañana y toda la tarde en el campo. Tira también mucho de azada y ahora, hecha ya la recogida de las verduras y la poda de las viñas, toca labrar la tierra. "Tenemos en torno a once hectáreas de regadío y más de viña. Pertenecemos a la Denominación de Origen Calificada Rioja y, de momento, tiramos bastante bien", confirma.

No puede decir lo mismo de la trayectoria de su equipo, que es colista de Tercera División. "Hemos logrado dos victorias y seis empates. La situación está muy difícil. Estamos a once o doce puntos de la salvación. Hemos tenido muy mala suerte. Parece que nos haya mirado un tuerto, pero hasta que matemáticamente todo esté perdido no bajaremos los brazos", indica.

Los otros dos equipos de sus amores, Madrid y Osasuna, también le están dando este año algún disgustillo, pero no se va a quedar en casa de luto, claro. "Una cosa no quita la otra. El sábado toca irse por ahí un rato de noche después de cenar con los compañeros de equipo. Quedamos en el Café Iruña o en el Restaurante Europa, pero este sábado no sé si podremos porque el partido contra el Oberena empieza a las siete de la tarde y a Azagra llegaremos tarde", indica. No pasa nada. La próxima semana ya habrá plan. Porque, aunque piensa en dejarlo, ¿qué haría él sin estos ratos de risas con sus compañeros de vestuario? "Lo cierto es que me lo paso muy bien y no cuelgo las botas por eso. De trabajar llego muy cansado, pero se me pasa. Estamos todo el rato haciendo el tonto. Tenemos un ambiente espectacular", concluye.